jueves, 7 de abril de 2011

Adelanto..Dejate.Amar.. Cap11. La moral es cuestion de tiempo




Entre a la oficina, y me encontré a mi madre encarando a mi padre, los dividia el enorme escritorio que mi padre tenia en su oficina.
—Mamá, ¿Qué pasa? — se iba a acercar Emmett, pero mi mamá levantó su mano indicándole que se detuviera.
—Es mejor que se vayan, su madre y yo estamos hablando
—No nos iremos, estan gritando, ¿Qué diablos pasa? — me acerque a mi madre, pero ella se giro en mitad de mi camino y la mirada que me dio me dejo helado, era fría, mi madre me veía… no con odio, pero si se veía muy molesta  conmigo ¿no estaba enojada con papá?
—No pasa nada— intervino mi padre con una voz cansada, haciendo que la mirada de mi mamá se volviera mas fría.
—¿Qué no pasa nada? Entonces las fotos ¿Qué son? Explicales a tus hijos todo lo que acabo de encontrar— levanto sus manos haciendo ademanes
—No tienen porque saberlo
—Por supuesto, yo tampoco lo sabria si no te hubiera encontrado hablando por teléfono
—Basta Esme, estas siendo irracional— mi padre se paro dando un golpe en su escritorio— Ya te explique todo, deberías de calmarte
—No me quiero calmar, no se me da la gana, estoy molesta, me ocultaste cosas importantes, soy tu mujer con un demonio, me debes lealtad y confianza, y estas son cosas que no se deben de ocultar, te das cuenta de lo que eso significa— Emmett y yo solo eremos espectadores, nunca en mi vida habia visto a mis padres discutir, y que lo hicieran de esta manera me ponía nervioso.

Annabel Lee

El poema que mas me gusta de Edgar Allan Poe... me encanta... y lo comparto aqui para los que nunca lo han leido.. muestra del amor infinito...



Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.

Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.

¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.

Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.

Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.